Ciencia en remojo > Diario de un oceanógrafo > De vuelta al mar

Diario de un oceanógrafo:
De vuelta al mar

domingo, 10 mayo, 2015

Día 6 de la campaña VULCANA

grupo
Parte del equipo científico y tripulación de la campaña VULCANA0515

El domingo a primera hora, Tomás atendía a un equipo de Televisión Canaria mientras Olvido y Stavros recogían sus cosas para desembarcar. Ha sido un placer compartir aventura con ambos. Se les echará de menos, especialmente a mi compañera de guardias. La convivencia a bordo es intensa y es curioso como enseguida te sientes como en casa y en familia. Las campañas oceanográficas son auténticos catalizadores de amistades.

Salimos del puerto de La Estaca a las 9 de la mañana. Carmen, Paula, Marta, Anna, Magdalena, Carolina y Pepe comenzaban el estudio físico-químico y biológico de la columna de agua continuando así con el seguimiento del ecosistema marino tras la emisión submarina del volcán de El Hierro en octubre de 2011. Se engrosa así una serie de datos con un valor científico incalculable. Con ésta son 19 las campañas realizadas en la zona, que se ha convertido en un laboratorio natural para el estudio del efecto de los cambios ambientales en los ecosistemas.

Para dar continuidad a esta serie, se diseña un plan de muestreo que consiste en un conjunto de estaciones equidistantes que forman una densa malla en torno al volcán submarino. En cada estación se larga la roseta que porta una serie de sensores que miden en continúo varios parámetros físicos: en este caso, temperatura, presión, conductividad, óxido reducción, pH, fluorescencia y transmitancia. Además, la roseta alberga una serie de botellas que permiten tomar muestras de agua a las profundidades deseadas que posteriormente analizan el equipo de químicos.

roseta4

Virado de la roseta visto desde el laboratorio multipropósito

Se repite la misma operación en todos los puntos de la malla, exactamente en los mismos lugares campaña tras campaña: el buque se sitúa con el sistema de posicionamiento dinámico, que le permite permanecer estacionado siempre en el mismo punto y, desde el laboratorio multipropósito, Carmen da la orden de largar la roseta con sus sensores activados y sus 24 botellas listas para recoger agua. Poco a poco se hace descender hasta que llega a cinco metros sobre el fondo y en las pantallas van dibujándose los diferentes perfiles. Una vez en el fondo, se inicia la maniobra de virada y se van cerrando las botellas a las profundidades que se desea.

Con la roseta a bordo, comienza una carrera contrarreloj para recoger con rapidez las muestras antes de comenzar la siguiente maniobra. Cada botella tiene un pequeño grifo que se utiliza para llenar diferentes recipientes para estudiar diferentes parámetros. Unos se analizan a bordo y otros se fijan y almacenan para analizarlos en el laboratorio. Pepe toma una muestra para estudiar a bordo el oxígeno disuelto y guarda otra para analizar el contenido de nutrientes en el laboratorio del IEO en Canarias. Por otra parte, Magdalena se encarga de analizar el pH y Carolina el contenido de hierro 2 del agua. Además fijan otras muestras para medir ya en laboratorio el carbono total, la alcalinidad, metales pesados y la diversidad y abundancia de bacterias.

muestreo pepe

Pepe Escánez toma submuestras de las botellas que fijará para analizar en tierra los nutrientes

Tras el muestreo físico-químico, Marta y Anna preparan la red de plancton para muestrear la columna de agua desde 200 metros –donde los haya- hasta superficie. Con la ayuda de la tripulación, sumergen la red y, una vez alcanzada la profundidad deseada, se inicia la virada a superficie. Con una manguera se limpia bien la red antes de ponerla en cubierta para que todo el material llegue a los colectores. Se anota la hora de largada y virada para calcular el volumen de agua filtrado y por último la muestra se guarda, la mitad en botes con formol para estudiar la biodiversidad y la otra mitad se congela para estudiar la biomasa.

redes3

Marta limpia las redes para que todo el plancton se deposite en los colectores

Se repitió la maniobra cinco veces más, en cinco de las 14 estaciones de la malla de muestreo.

Después, a las 18 horas, nos acercamos al puerto de La Restinga –aprovechando el tránsito para cubrir algunos errores en la batimetría- para recoger en zodiac a María Gómez, geóloga del IEO en Madrid. Mi nueva compañera de guardias.

Llegó la noche y con ella el turno nuevamente de la acústica. Esta noche empezaríamos con los perfiles de TOPAS, una sonda que permite observar la naturaleza de las primeras capas del subsuelo. Al contrario que la EK60, que emite y recibe en la misma frecuencia, la TOPAS envía dos frecuencias que se combinan al llegar al fondo dando una tercera que es la que penetra el subsuelo y que a su vuelta detecta el barco. Se hicieron ocho perfiles atravesando el volcán y la colada a una velocidad de cuatro nudos. Tomás, experto en el análisis de estos perfiles, nos mostraba donde aparecían deslizamientos y posibles capas de materiales de origen hidrotermal, donde los demás solo veíamos sombras.

Los últimos perfiles de TOPAS los acabamos María y yo. Al terminar apagamos la TOPAS y encendimos de nuevo la ecosonda multihaz para cubrir una nueva malla de mayor densidad sobre el volcán y la colada para obtener una batimetría de muy alta resolución. Desirée terminaría la malla y cubriría algunas líneas al oeste para corregir errores en zonas donde el mal tiempo afectó a la adquisición de los datos en días previos.

Con las primeras luces, comenzaba nuevamente el muestreo con roseta. Y es que el barco no para de trabajar.

 

Día 7: Lo sistemático y lo puntual

img-responsive center-block Pablo

Me llamo Pablo, soy oceanógrafo y periodista, y he creado Ciencia en Remojo para compartir mis trabajos –científicos y divulgativos- e informar sobre actualidad en ciencias del mar.

Menú Principal

¡Suscríbete!

Únete a otros 12 suscriptores