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Reportaje: La vieja anfitriona

lunes, 5 noviembre, 2012

¿Es la Posidonia el organismo más longevo del planeta?

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Un grupo de castañuelas nada sobre una pradera de Posidonia / Manu Sanfélix

Uno de los organismos vivos más grandes y longevos del planeta lo encontramos en nuestras costas mediterráneas. Ocupan superficies casi continuas de fondos marinos de cientos de kilómetros cuadrados desde hace miles de años. Se trata de la pradera de Posidonia oceanica, una planta marina que tapiza los fondos hasta los 40 metros de profundidad, un testigo de excepción de la historia reciente del mar Mediterráneo. Ha sobrevivido a los ascensos y descensos del nivel del mar; ha visto navegar trirremes, galenas, galeones, y más recientemente, yates y petroleros. Sus praderas han dado cobijo a cientos de miles de generaciones de las más singulares especies, algunas ya extintas, y hoy día conforman uno de los ecosistemas más diversos del planeta.

Una castañuela nada ágilmente entre las hojas de posidonia, movidas al compás de las corrientes. En algún lugar de esta extensa pradera, que tapiza los fondos entre Ibiza y Formentera, el pequeño pez rastrea las hojas en busca de alimento, como hicieran sus antepasados miles de años atrás. En otro tejido pero en la misma planta. En una de esas hojas estaba el diminuto crustáceo sobre el que la castañuela había fijado su mirada. Se abalanzó sobre él, y en el instante justo, unos enormes ojos escondidos tras una máscara se interpusieron en su camino y le hicieron huir despavorido a la espesura de la pradera.

El joven tejido sobre el que descansaba el crustáceo escondía un rizoma milenario. El buzo arrancó la hoja, seguida de su correspondiente talo y rizoma y lo guardó en su red junto al resto de muestras y el pequeño crustáceo quedó a la deriva sin saber realmente la suerte que había corrido.

Meses más tarde llegaría la confirmación. Tras analizar más de 1500 muestras de tejido de Posidonia oceanica por todo el Mediterráneo y mediante un modelo teórico de crecimiento, investigadores del Instituto Francés para la Investigación para la Exploración del Mar (IFREMER) y del grupo de investigación de Cambio Climático que lideran Carlos Duarte y Nuria Marbà en el IMEDEA (CSIC-UIB), estimaron que la pradera que cubre los fondos entre Ibiza y Formentera debía tener más de 100.000 años. El organismo más longevo de la biosfera, según este modelo.

Las muestras se obtuvieron de 50 praderas, desde Almería hasta Chipre. Se secuenció el ADN de cada una y se buscó dónde se encontraban genotipos exactamente iguales.

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Un buzo muestrea una pradera de Posidonia en la costa de Murcia / Juan Manuel Ruiz

Teniendo en cuenta la bajísima ocurrencia de la reproducción sexual, se puede asumir que una misma mancha homogénea de pradera pertenece al mismo clon y por tanto al mismo organismo. Así, considerando una tasa de crecimiento de la Posidonia de un centímetro al año y multiplicando por la distancia entre dos muestras con un mismo genotipo, sabremos cuánto tiempo ha tardado en crecer y por tanto su edad.

La distancia máxima que encontraron entre muestras idénticas fue de 10 kilómetros. 10 kilómetros, lo pasamos a centímetros, tenemos 100.000 centímetros, considerando un crecimiento de un centímetro al año… Pues 100.000 años, muy sencillo. El organismo más longevo de la biosfera.

Esto, que teóricamente resulta tan obvio, en la práctica no es tan sencillo. Suponer que en 10 kilómetros la pradera es continua y ha crecido centímetro a centímetro entre un punto y otro es mucho suponer. Además, la proporción de muestras genéticamente idénticas que se encontraron fue muy pequeña.

De lo que no hay duda, al margen de que sea o no el organismo más longevo del mundo, es que la edad de las praderas de Posidonia es de muchos milenios, y lo importante es lo que esto implica.

Este trabajo, publicado recientemente en la revista PLoS ONE, no ha sido el primero ni será el último que trate de estudiar la edad de estas plantas. Ya en 2006, el equipo que lidera Miguel Ángel Mateo, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC),  tras realizar las primeras perforaciones en los sedimentos de una pradera de Posidonia oceanica, pudieron datar los depósitos que albergaba en más de 6000 años y evidenciar la enorme cantidad de carbono que acumulaban. Tras estos trabajos, comenzó a considerarse un nuevo servicio de ecosistema a la Posidonia: el de sumidero de carbono.

La planta que regresó al mar

La castañuela quedó paralizada durante minutos oculta en la espesura de la pradera. Sus altos niveles de cortisol le tenían en alerta, mientras unos metros más allá el buzo se alejaba con su muestra y el crustáceo nadaba desorientado entre una nueve de sedimento y despojos de planta. Era otoño y, como si de un bosque caducifolio se tratara, la pradera estaba repleta de restos de hojas que poco a poco arrastraba la corriente.

Realmente la Posidonia oceanica renueva sus hojas todo el año pero se hace más evidente en la época de tormentas que suele coincidir con el otoño. Las hojas jóvenes y verdes rápidamente se van colonizando por organismo epífitos. Un gran ecosistema en miniatura que en seguida consume los nuevos brotes y que a su vez sirve de alimento a otras especies de mayor tamaño que nadan en la pradera.

La Posidonia oceanica no es una alga aunque viva en el mar. Sus parientes más cercanos no son marinos sino terrestres y, como ellos, tiene raíces, tallo y hojas y también flores, frutos y semillas: son angiospermas. A nivel poblacional, la unidad estructural y funcional es el haz o ramet que está formado por un rizoma en cuyo ápice se agrupan las hojas. Un rizoma horizontal, postrado sobre el sustrato y sujeto a él mediante raíces, interconecta los haces vecinos. Las raíces, al igual que en plantas terrestres, sirven de sostén y para absorber nutrientes desde el sedimento. Los rizomas son los responsables del crecimiento de la planta, así como del transporte de nutrientes y de almacenar los productos de la fotosíntesis en sus tejidos. En las hojas encontramos una diferencia importante con las plantas terrestres: además de realizar fotosíntesis, son capaces de tomar nutrientes directamente del agua.

Importancia ecológica

La castañuela no estaba sola. Como si de una hoja de Posidonia se tratase, un pez aguja mula pasaba completamente desapercibido junto a ella. Un pequeño banco de salemas sobrenadaba la pradera llenando sus aguas de destellos dorados. Unos haces más a su derecha, un caballito de mar se alimentaba tranquilo, ajeno a la tensa situación vivida por su vecina. Había cangrejos, tunicados, nudibranquios de todos los colores y, a menor escala, un sinfín de especies que hacen de la pradera uno de los lugares más diversos del planeta. La escena relajó a la castañuela y continuó su camino en busca de alimento.  

La Posidonia oceanica es una especie de las denominadas ingenieros de ecosistemas. Un ambiente en el que solo había un sustrato plano, lo transforman para crear un hábitat tridimensional en el que florece la vida. La espesura de sus praderas se convierte en el refugio ideal para multitud de especies que nadan y se desplazan entre sus haces, y las hojas sirven de sustrato para otro gran número de organismos epífitos. Se han identificado más de 1000 especies de animales y unas 400 vegetales, lo que supone casi el 10 % de la biodiversidad del Mediterráneo.

Una sola hoja de Posidonia constituye todo un ecosistema con una enorme diversidad y un dinamismo tremendo. Los brotes verdes comienzan rápidamente a ser colonizados por cianobacterias, algas microscópicas y hongos que forman un tapiz inapreciable. Sobre este se adhieren pequeños epífitos como esponjas, cnidarios, gusanos poliquetos, moluscos bivalvos, briozoos, tunicados, etc. que pronto serán cubiertos por algas de mayor tamaño que acabarán ahogando la hoja de Posidonia y dejarán lugar a otra. Un ecosistema efímero y dinámico que hace de estas praderas un hábitat tremendamente productivo.

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Las hojas de Posidonia sostienen un diverso ecosistema en miniatura / Juan Manuel Ruiz

Otros organismos se mueven libremente por la superficie de las hojas. Unos son vegetarianos y directamente ramonean las hojas de la Posidonia y otros se alimentan de los epífitos que llevan adheridas. Estos son poliquetos, crustáceos, moluscos, nematodos, turbelarios, equinodermos o peces. Una diversidad inmensa que a su vez sirve de alimento a organismos mayores. Especies tan emblemáticas como el pulpo, la morena, el caballito de mar o la tortuga verde.

Se ha estimado que solo un cinco por ciento de las hojas de la Posidonia se consumen de forma directa. Su valor alimenticio es muy bajo, poseen mucha celulosa y un alto contenido en taninos: sustancias tóxicas que heredaron de sus parientes terrestres y que sirven para evitar la predación. Por ello, existen muy pocas especies capaces de digerir las hojas de Posidonia. Una de ellas es un pequeño isópodo de un intenso color verde (Idotea hectica), endémico de este ecosistema.

Además de ser un paraíso de biodiversidad, la Posidonia genera incontables beneficios para la salud de los ecosistemas e incluso para las actividades humanas de una forma muy directa. Gracias a su enorme entramado, las praderas fijan el sustrato al tiempo que reducen el hidrodinamismo de la zona. De esta forma, actúan como una trampa de sedimento y protegen las playas de la erosión. Además, el ecosistema que albergan es capaz de generar arena de calidad, producto de los restos de conchas y caparazones de muchas de sus especies.

Las praderas oxigenan el agua y actúan como un filtro de las partículas en suspensión, aumentando así su transparencia y calidad ambiental. De esta forma, la Posidonia se garantiza unas condiciones idóneas para su crecimiento, ya que al reducir la turbidez la intensidad de luz es suficiente para realizar la fotosíntesis. Pero, más allá de trabajar en su propio beneficio –por si no fuera poco-, la Posidonia evita de esta forma la retención de calor que provocarían las partículas en suspensión, contribuyendo así a regular el clima del Mediterráneo.

Sin embargo, el impacto en el clima de estas plantas marinas va mucho más allá.  Hasta hace muy poco, el papel de éste y otros ecosistemas costeros como sumideros de CO2, había sido ignorado por completo. Recientemente se ha demostrado que las praderas de fanerógamas marinas, junto con las marismas y los manglares, constituyen uno de los ecosistemas que más CO2 secuestran en nuestro planeta. Solo ocupan una estrecha franja del litoral del planeta y sin embargo son capaces de capturar entre el 12 y el 15% de las emisiones anuales de CO2 que produce el ser humano.

Otro servicio destacable que hacen las praderas es dar cobijo a huevos y alevines de multitud de especies marinas con gran valor comercial. Numerosas especies de peces, moluscos y crustáceos, utilizan el abrigo de la Posidonia para la reproducirse, poner sus huevos y como lugar de alevinaje. Actuan como verdaderas guarderías marinas y por tanto su existencia y su buen estado de conservación supone un incremento en el número y variedad de las especies que pueden ser explotadas por el sector pesquero.

De Gibraltar a Estambul

La castañuela nadaba sin un rumbo fijo. En solitario se movía por la pradera ramoneando las hojas tapizadas de vida y, sin pretenderlo, se juntó con un pequeño grupo de sus congéneres. Las castañuelas se alimentaban con frenesí al tiempo que recorrían juntas la pradera, una pradera que, seguramente, jamás recorrerán en toda su extensión. Ellas no saldrán de la milenaria pradera pero quizá sus larvas lleguen a otra. Desde Gibraltar hasta Estambul.

La Posidonia oceanica es una planta endémica del Mediterráneo. Esta especie solo se encuentra aquí y sus parientes más cercanos no lo son tanto geográficamente: Posidonia sinuosa, P. angustifolia y seis especies más del mimo género, todas ellas en el litoral del sur de Australia, prácticamente en las antípodas.

La nuestra, Posidonia oceanica, se distribuye por toda la costa Mediterránea. Vive en las aguas más someras, aunque en zonas donde el agua es muy transparente puede llegar a asentarse en fondos de 40 metros. Se desarrolla en fondos tanto rocosos como arenosos siempre limpios y bien oxigenados.

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Una densa pradera crece sobre un fondo arenoso / Manu Sanfélix

Se estima que una cuarta parte de los fondos marinos de menos de 50 metros están ocupados por esta fanerógama marina, entre 2,5 y 4,5 millones de hectáreas. Las cifras en España varían mucho según los trabajos que se consulten: desde estimaciones de 2800 km2 a otras de más de 9000 km2 . Esta última quizá bastante exagerada ya que los fondo de menos de 50 metros de profundidad en el litoral mediterráneo español no ocupan más de 8400 km2. Según los últimos datos de cartografía que maneja el Instituto Español de Oceanografía para la elaboración del informe solicitado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para la transposición de la Directiva Estrategia Marina, la superficie que ocupada este hábitat es del orden de 1000 km2.

En peligro

Todo no era verde y azul en la pradera. De repente el agua parecía enrarecida, respirar no era fácil y las hojas de Posidonia parecían ahogadas entre una maraña verde y viscosa. Tratando de huir de este ambiente, la castañuela nadó a toda velocidad mientras aceleraba el bombeo de agua a través de sus branquias, tratando de apurar el poco oxígeno que rodeaba la pradera. Se enganchó en un fragmento de red que a la deriva había llegado a la marchita pradera y junto a ella aparecieron multitud de objetos muy frecuentes en las últimas décadas en la milenaria pradera: bolsas, latas, zapatos, colillas…

Importantes superficies de este hábitat han desaparecido en los últimos 60 años, lo que supone una pérdida acelerada de este hábitat relacionada principalmente con el impacto acumulado del desarrollo y explotación de las zonas costeras en el pequeño periodo que supone la historia del hombre. El desarrollo urbanístico de las últimas décadas ha generado un impacto sin precedente que en pocos años ha terminado con ecosistemas milenarios. Alrededor de las principales ciudades y puertos del Mediterráneo es prácticamente imposible encontrar una pradera sana. La Posidonia es muy sensible a los cambios de transparencia y calidad del agua, a la contaminación y a los cambios en la dinámica sedimentaria. Esta situación deja bajo el fondo un paisaje desolador y los daños son difícilmente reversibles.

La construcción de diques, puertos o escolleras modifica por completo las corrientes, lo que puede desencadenar el enterramiento o erosión de una pradera cercana en muy poco tiempo al transformar radicalmente la dinámica sedimentaria de la zona. Las obras, además, alteran la transparencia del agua, lo que afecta de manera importante al desarrollo y crecimiento de la Posidonia.

La pesca de arrastre está prohibida a menos de 50 metros de profundidad, especialmente sobre fondos en los que se desarrollan praderas de Posidonia oceanica, según un reglamento europeo del año 1994. Sin embargo, tal y como han denunciado ecologistas y científicos en multitud de ocasiones, siguen habiendo arrastreros sobre las praderas pescando ilegalmente.

La contaminación es otro de los principales responsables de la enorme regresión de la Posidonia. Las fuentes son muy diversas: aguas urbanas e industriales de una creciente población, fertilizantes y pesticidas agrícolas llegados desde los ríos, vertidos de salmueras de las plantas desalinizadoras, restos de piensos, defecaciones y antibióticos de las granjas de pescado,… E igual de diversos son los impactos que generan. El exceso de nutrientes y materia orgánica ahoga y envenena a las praderas de Posidonia. Un aumento de nutrientes favorece la aparición de especies epífitas de algas que recubren por completo las hojas e impiden que estas realicen la fotosíntesis. Por otro lado, la materia orgánica, además de disminuir la transferencia del agua, una vez llega al fondo, se degrada y consume todo el oxígeno presente en el sedimento. Esto permite la aparición de bacterias anaerobias, cuyos productos de desecho –entre ellos sulfhídrico- penetran por las raíces de la planta y la envenenan.

Otra amenaza para la Posidonia es la presencia de una especie invasora procedente de latitudes más bajas: Caulerpa racemosa. Esta especie llegó al Mediterráneo –seguramente- gracias al tráfico marítimo y se quedó –sin duda- favorecida por el aumento de las temperaturas y la contaminación que le dan una ventaja insalvable en su competición con la Posidonia por el mismo nicho. Se ha observado que en praderas sanas, Caulerpa no tiene ninguna oportunidad de asentarse. La altura y densidad de una pradera de Posidonia en buen estado de conservación impide que otra alga pueda vivir a su sombra. Otra alga invasora, el rodófito Lophocladia lallemandii crece sobre las hojas de Posidonia hasta sofocarla y en sitios como Baleares podría ser una amenaza superior a la que han representado otras algas invasoras.

Investigación y conservación

De seguir así, la Posidonia podría desaparecer del Mediterráneo en no mucho tiempo si no se adoptan las medidas adecuadas. Las estructuras leñosas que un día formaron la base de uno de los ecosistemas más productivos y diversos del planeta podrían quedar desnudas. Primero se esfumaría su biodiversidad y, poco a poco, por acción de las corrientes, el CO2 que secuestraron durante milenios sería devuelto a la atmósfera. Las playas se erosionarían y la pesca descendería drásticamente.

Pero esto no tiene por qué ocurrir. La situación puede revertirse y son muchos los científicos, grupos ecologistas y demás organizaciones ciudadanas que están trabajando en este sentido.

Cada vez son más las campañas de sensibilización y acciones encaminadas a proteger las praderas de Posidonia en el litoral español. En los últimos años se han desarrollado numerosos  proyectos. En 1998 se creó en Cataluña la primera red de seguimiento a largo plazo del estado de conservación de las praderas de Posidonia oceanica en el litoral mediterráneo español, siguiendo la estela de iniciativas similares en las costas francesas en los años 80. Tras ella, se han ido implantando redes de seguimiento en Baleares, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía, bajo la responsabilidad de investigadores de diversas Universidades y Organismos Públicos de Investigación que trabajan de forma coordinada con las administraciones autonómicas y nacionales.

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Foto: Manu Sanfélix

Entre las cinco redes autonómicas, se monitorizan más de 100 praderas.  Desde hace algunos años todas ellas se aglutinan en una red nacional gracias al proyecto Posimed que coordina la Fundación Biodiversidad. Esta red representa la mayor red de seguimiento de un hábitat marino en España.

Los proyectos europeos LIFE Posidonia Baleares y LIFE+ Posidonia Andalucía, este último en plena vigencia, están relacionados con la implantación de las redes de Baleares y de Andalucía, respectivamente. Este tipo de proyectos se caracterizan por la participación de socios de diferentes ámbitos. Todos ellos incluyen participantes de la Administración Pública, Organizaciones No Gubernamentales y centros de investigación.

El proyecto Balears LIFE Posidonia lo desarrolló el Gobierno de Islas Baleares, el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) y la Fundación Bosch i Gimpera. El proyecto comenzó en 2001 y, durante el mismo, se cartografiaron las praderas de las islas, se elaboraron los planes de gestión de hasta 15 Lugares de Interés Comunitario con el objetivo de proteger la Posidonia y se avanzó considerablemente en el conocimiento de la dinámica de las especies invasoras.

El LIFE+ Posidonia Andalucía comenzó en 2011 de la mano de la Junta de Andalucía, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la asociación Conservación, Información y Estudio sobre los Cetáceos (CIRCE), la Federación Andaluza de Cofradías de Pescadores y la Federación Andaluza de Asociaciones Pesqueras. El principal objetivo del proyecto es identificar el estado de conservación de las praderas andaluzas y tratar de valorar económicamente los servicios que generan para, de esta forma, buscar la implicación de los sectores productivos en la conservación de esta especie.

Al margen de los grandes proyectos existen infinidad de grupos y asociaciones dedicados en cuerpo y alma a la protección de las praderas de Posidonia. Grupos ecologistas locales y, cada vez más, cofradías de pescadores y otras asociaciones del sector productivo. Un creciente interés que hace ver con esperanza el futuro de este ecosistema en regresión.

Además, actualmente se está trabajando mucho en la trasposición de varias directivas europeas que afectan de lleno al medio marino y sus ecosistemas: las directivas Hábitat, Marco del Agua y Estrategia Marina.

También son cada día más los grupos de investigación que se dedican a estudiar la Posidonia Oceanica, muchos de ellos implicados además muy directamente en su conservación. Existen ocho equipos científicos consolidados que trabajan con esta fanerógama en España.

Javier Romero, de la Universidad de Barcelona, y Teresa Alcoverro del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB) del CSIC, pese a pertenecer a instituciones diferentes, en la práctica conforman un mismo grupo de investigación que lleva más de 30 años dedicado al estudio de la Posidonia. Han publicado más de 70 artículos científicos y han formado a una buena parte de los investigadores que hoy día estudian ésta y otras fanerógamas desde otros centros de investigación. En estos años, este grupo ha trabajado en diversas líneas: la descripción del ciclo de producción primaria y sus factores limitantes, la importancia de esta planta en el ciclo de carbono, las interacciones de la Posidonia con los herbívoros, el efecto de los impactos antropogénico en el ecosistema, el uso de las praderas como herramienta de gestión de la calidad del agua, etc.

También del CEAB del CSIC, Miguel Ángel Mateo dirige otro grupo de investigación dedicado al estudio de la Posidonia. En sus 22 años de trabajo se han centrado en estudiar el ciclo del carbono asociado a las praderas de fanerógamas.

En el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), centro mixto de la Universidad de Baleares y el CSIC, existen dos grupos trabajando con Posidonia: el de Jorge Terrados, Fiona Tomas y Gema Hernan, dedicados al estudio de la ecología de la pradera, y el de Nuria Marbà y Carlos Duarte, que investigan los efectos del cambio climáticos sobre la Posidonia y viceversa.

Juan Manuel Ruiz dirige el Grupo de Ecología de Angiospermas Marinas del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Sus principales aportaciones en los cerca de 20 años que lleva investigando la Posidonia, están relacionados con la respuesta de las angiospermas marinas mediterráneas a los cambios ambientales causados por el impacto del hombre, especialmente las obras costeras, los vertidos de la acuicultura y los de las plantas desalinizadoras. Su grupo colaboró a establecer los límites y mecanismos de tolerancia de la Posidonia a la salinidad lo que ha permitido controlar el impacto ambiental de las plantas desalinizadoras.

Jose Luis Sánchez Lizaso de la Universidad de Alicante también ha enfocado su trabajo a lograr la conservación de esta planta marina. Gracias a sus estudios se demostró por ejemplo la efectividad de los arrecifes artificiales para proteger las praderas de la pesca de arrastre ilegal o la utilidad de las áreas marinas protegidas para la conservación de la biodiversidad y la utilización sostenible de los recursos marinos.

Los mayores expertos en la fauna de estos ecosistemas pertenecen a un grupo de procedencia dispar: Enrique García Raso, del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga, Ángel Luque de la de la Universidad Autónoma de Madrid y José Templado del Museo Nacional de Ciencias Naturales, llevan casi 30 años trabajando conjuntamente en la taxonomía y biología de los habitantes de la pradera mediterránea.

Y coincidiendo casi con el límite de distribución de la Posidonia oceanica, está el grupo de investigación de Lucas Pérez Llorens de la Universidad de Cádiz. En la costa gaditana no encontramos praderas de Posidonia pero si de otras fanerógamas como Cystoseira o Zostera, por tanto es con estas especies con las que más ha trabajado este grupo.

El futuro

El Mediterráneo está repleto de lugares desolados que un día fueron praderas llenas de vida. Una visita a estos lugares te sumerge en una profunda tristeza. Sin embargo, hay otros zonas muy bien conservadas y, lo más importante, fuera del agua hay iniciativas geniales y personas muy capacitadas y con muchas ganas de salvar estos refugios de biodiversidad.

La castañuela hizo un último esfuerzo y aleteó como nunca lo había hecho. Ahogada en la agónica pradera el recuerdo de su hermoso hogar le dio las fuerzas suficientes para liberarse de su trampa. Nadó veloz, recuperando el aliento metro a metro, al mismo ritmo que la Posidonia recuperaba el color a su alrededor. Al fin descansó tranquila, su paradera era otra vez la de siempre. Las hojas eran verdes y el agua azul, la vida prosperaba en todas sus formas y colores y el drama vivido quedaría solo en su recuerdo como la pesadilla de un Mediterráneo sin Posidonia.

 

Este reportaje se publicó en noviembre de 2012 en el número 1 de Magazine Océano

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Me llamo Pablo, soy oceanógrafo y periodista, y he creado Ciencia en Remojo para compartir mis trabajos –científicos y divulgativos- e informar sobre actualidad en ciencias del mar.

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