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Diario de un oceanógrafo:
Lo sistemático y lo puntual

lunes, 11 mayo, 2015

Día 7 de la campaña VULCANA

Anna y Paula recuperan las muestras entre estación y estación

La investigación marina es una mezcla de mucha rutina y pequeños e intensos momentos emocionantes, y hoy fue un buen reflejo de ello.

A primera hora de la mañana continuaban los muestreos físico-químicos y biológicos en la columna de agua en las estaciones que quedaban por cubrir. Una vez más el ritmo era frenético en el laboratorio húmedo. Se medía oxígeno disuelto, pH y el ión Fe2+ a bordo, y se fijaban y guardaban muestras, cada una siguiendo un protocolo muy preciso, para medir en laboratorio parámetros como el carbono inorgánico total, la alcalinidad, la concentración de nutrientes o la de metales pesados. Y se tomaban también muestras de plancton que se conservaban en formol. Por otro lado, desde el laboratorio multipropósito, se controlaba la adquisición de los datos físicos que miden los sensores de la roseta en cada estación.

plancton

Muestra de plancton antes ser fijada con formol para estudiar en el laboratorio su biodiversidad

Mientras se cumplía con estas labores rutinarias que permiten mantener una serie temporal de un valor científico enorme, Desirée continuaba procesando la batimetría y anotando los errores que deberíamos cubrir llegada la noche. La rutina de los geólogos.

Unos muestreos sistemáticos que pueden parecer redundantes pero que son la base de un ambicioso proyecto que permitirá conocer, con gran detalle, la evolución del ecosistema en torno a el volcán submarino una vez se analicen en su conjunto los datos de esta serie, que se remonta ya a 2011.

Pero entre horas de rutina, siempre hay momentos emocionantes. Muestreos puntuales en los que todos los presentes soñamos con presenciar algo único. Con esa motivación, y una vez cubiertas las estaciones de muestreo programadas, nos dirigimos nuevamente al lugar donde se detectó dos días antes una enorme anomalía. Carmen comunicó las coordenadas a puente y el capitán puso rumbo a esta zona. En el laboratorio de acústica observábamos las pantallas expectantes. El barco se aproximaba al punto y, nada más posicionarse, la ecosonda EK60 mostraba una vez más la pluma, algo tímida por el momento. El barco mantuvo la posición mientras se preparaba la roseta, que en pocos minutos ya estaba en el agua a la espera de que la anomalía aumentase su tamaño en la sonda. Se observaba el mismo patrón que la última vez: la pluma aparecía y desaparecía, a veces con más fuerza y otras con menos. Esta vez la roseta iba mejor equipada desde que embarcase el equipo de oceanografía química. Después de un rato con la roseta largada a unos 50 metros del fondo, la sonda mostró un crecimiento considerable de la pluma y se bajó la roseta. En la pantalla de la EK60 se podía ver con claridad cómo la roseta atravesaba la anomalía y se posicionaba donde el color era más intenso. Sin embargo, ningún sensor mostraba nada raro. La pluma seguía creciendo y la roseta se mantenía en su interior, pero nada. Ni Magdalena, ni Tomás, ni Carmen, ni nadie encontraba explicación para que ningún sensor mostrase cambios en el interior de la pluma.

anomalias

El perfil temporal de la sonda muestra la intermitencia de las plumas y el trayecto que siguió la roseta que llegó a quedar envuelta por la anomalía

Entre ellos hablaban que el sensor de transmitancia debería detectar la anomalía si se tratase de material en suspensión, el peachímetro indicaría su presencia si se tratase de gas y el ORP tendría que mostrar un importante descenso de ser un flujo hidrotermal. Era evidente que algo pasaba en el fondo pero era un misterio la composición de la anomalía. Se mantuvo la roseta a tres metros del fondo y fueron varias las plumas que la envolvieron. Pero nada. Finalmente se recogió agua cuando más intensa parecía y se viró la roseta para tomar las muestras. Habrá que esperar a los análisis en laboratorio y al procesado de los datos al detalle para comprobar la naturaleza de estas anomalías. La decepción era evidente entre los presentes pero la emoción del muestreo mereció la pena.

 

Día 8: Los primeros tow-yos

img-responsive center-block Pablo

Me llamo Pablo, soy oceanógrafo y periodista, y he creado Ciencia en Remojo para compartir mis trabajos –científicos y divulgativos- e informar sobre actualidad en ciencias del mar.

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