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Reportaje: Los descartes de la pesca

viernes, 8 marzo, 2013

El proyecto europeo FAROS, liderado por científicos españoles y portugueses, trata de poner solución a este problema a través de tecnologías innovadoras

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Foto: Proyecto FAROS

Según estimaciones de la FAO de 2008, casi una décima parte de las capturas pesqueras mundiales se tira por la borda. La ineficiencia de las artes de pesca, una mala gestión y la falta de mercado para algunos productos causan uno de los mayores problemas que sufren los ecosistemas marinos de todo el mundo. En este marco nace FAROS, un proyecto LIFE europeo liderado por el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo, y en el que participan la Fundación CETMAR, el Instituto Español de Oceanografía, la Autoridad Portuaria de Vigo, el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA) y el Instituto Portugués do Mar e da Atmosfera (IPMA).

La sobrepesca es un grave problema conocido y reconocido. Desde hace décadas pescamos más de lo que los ecosistemas son capaces de producir y esto ha llevado ya al colapso de muchos stocks. Pescar más de la cuenta ya es por sí solo un serio problema, pero si además se hace de una forma ineficiente el problema se agrava.

Estimar el volumen mundial de pesca que acaba devuelto al mar es una tarea complicada debido a la falta de información y a las distintas definiciones que hace cada país de lo que es un descarte. Sin embargo los datos, aunque no dejan de ser alarmantes, muestran una disminución progresiva como resultado de la introducción de modificaciones efectivas en los artes de pesca y la aplicación de medidas de gestión más estrictas en algunos países. En 1994 las estimaciones de la FAO eran de 27 millones de toneladas –una tercera parte de la captura mundial-, mientras que 10 años después, en 2004, los descartes se redujeron a 7 millones de toneladas. Una reducción muy grande, pero a unas cifras todavía intolerables e incompatibles con la sostenibilidad.

A la pérdida de esta ingente cantidad de seres vivos hay que sumar el desequilibrio ecosistémico que genera el introducir esta biomasa muerta en el medio. El pescado muerto o moribundo que se arroja por la borda atrae a especies carroñeras y oportunistas que desplazan a otras, reduciendo así la biodiversidad. Además, en ocasiones estos descartes corresponden a ejemplares inmaduros de especies que no son la objetivo, lo que supone un grave daño para las poblaciones, que pierden capacidad reproductora.

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Foto: Proyecto FAROS

No todos los buques ni todas las artes pesqueras generan los mismos descartes. Entre ellas, cabe destacar algunos aparejos de arrastre de pesquerías mixtas de fondo. Las especies objetivo de este arte suelen ser aquellas que viven asociadas al fondo, nadando justo sobre éste, las denominadas demersales. La técnica consiste en arrastrar una red que, además de capturar las especies de interés comercial, capturan enormes cantidades de otros organismos que viven anclados o enterrados en el fondo y que no suelen tener ningún valor económico: estrellas de mar, holoturias, pequeños peces y crustáceos, etc. Este arte ha demostrado ser sin duda el más ineficiente. “Algunas pesquerías de este tipo, como la de crustáceos del Algarve, alcanzan unos porcentajes de descarte inaceptables desde el punto de vista de sostenibilidad de los recursos pesqueros”, explica Luis Taboada, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo y responsable del proyecto FAROS.

En busca de soluciones

FAROS es un proyecto europeo cofinanciado por el Programa LIFE+ ENVIRONMENT de la Unión Europea cuyo objetivo es desarrollar e implementar una red para la gestión eficiente e integral de los descartes. El proyecto pretende implicar a flotas, puertos, lonjas, industrias procesadoras, transformadoras y valorizadoras; y, con el apoyo de todos, minimizar los impactos de los descartes, tanto ecológicos como económicos.

En esta labor, la primera línea de actuación está encaminada a reducir el descarte, minimizándolo y mejorando su gestión. Por otro lado, partiendo de la imposibilidad de evitar totalmente estos descartes, el proyecto se centra en obtener su máxima valorización, y tratar de que a partir de ellos se produzcan compuestos de alto valor añadido para la industria alimentaria y farmacéutica.

El proyecto FAROS comenzó en enero de 2010, con algo más de dos millones de euros de financiación, y su primera tarea fue realizar un análisis detallado de las pesquerías de arrastre españolas y portuguesas que operan en el litoral y el banco del Gran Sol: cuáles son las especies más descartadas, qué volúmenes generan, qué porcentaje de captura se desecha, etc. Los resultados son alarmantes en algunos casos. Por ejemplo: la pesquería de gallos, rapes y merluza, que desarrollan barcos con base en Vigo y Marín, supera las 60.000 toneladas de descartes al año, casi tres cuartas partes de todo lo que pescan.

Una vez conocida la situación de partida, FAROS se centró en paliar el problema. Para ello han desarrollado diferentes tecnologías destinadas, en primer lugar a evitar los descartes, y, en segundo, a dar valor a estos productos y que no acaben desechados por la borda del buque.

En cuanto a evitar que los descartes se produzcan, en los últimos años, gran parte del esfuerzo investigador se ha encaminado a la mejora de la selectividad de las artes de pesca. Se han obtenido buenos resultados aunque en ocasiones de difícil implementación a escala real, bien por su dificultad tecnológica, su coste, etc. En el caso de FAROS, se ha tratado de complementar este tipo de aproximaciones orientadas al arte de pesca con el desarrollo de herramientas basadas en modelos matemáticos que permitan predecir dónde se producirán más volúmenes de descartes y dónde menos. Estos modelos dependen de un conjunto de variables, como la zona y el período del año en que se desarrolla la actividad pesquera, el tipo de pesquería, etc. Además, la propia actividad de la flota podrá alimentar continuamente estos modelos con datos reales que los hagan cada vez más exactos y precisos. Gracias a estos modelos es posible planificar una actividad pesquera más eficiente tanto en términos de sostenibilidad medioambiental como de rentabilidad económica.

Sin embargo los descartes son inevitables y, partiendo de esa base, en FAROS han desarrollado otras tecnologías encaminadas a dar valor a estos productos. El principal es el sistema BEOS (Biomass Estimator Optical System), desarrollado por la empresa MAREXI, un sistema de visión artificial instalado en el parque de pesca de los buques, sobre la cinta transportadora, que toma imágenes del pescado sobre dicha cinta. Gracias a un software que analiza la forma y el color, BEOS es capaz de identificar y cuantificar en tiempo real hasta siete especies descartadas con muy buenos niveles de precisión, tanto en la identificación de la especie como en la estimación del peso.

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La forma y el color permiten al sistema BEOS reconocer hasta siete especies diferentes / Proyecto FAROS

Esta información se envía a tierra, a través del sistema Red Box desarrollado por ASM SOFT, para que esté disponible de inmediato y los posibles compradores puedan hacer llegar su interés al pescador. “Yo puedo haber pescado 300 kg de lirio que no quiero porque creo que no van a tener salida pero si alguien desde tierra me dice que le interesa lo puedo mantener a bordo y evitar el descarte”, explica Taboada.

Esto se ha conseguido gracias a la implementación de una aplicación denominada por sus creadores Geoportal de Gestión de Descartes. Esta nueva herramienta consiste en una red virtual que puede incluir a todos los agentes del sector de la pesca (flotas, puertos, lonjas, las industrias de transformación y valorización, compradores finales) y que, gracias a la aplicación conjunta de las herramientas SIG y de las tecnologías de estimación de volúmenes y transmisión de datos, hace posible que los pescadores conozcan la demanda de la industria y que ésta a su vez conozca la oferta de las flotas. Y todo ello en tiempo real.

Otro importante avance del proyecto FAROS ha sido la realización de una evaluación del contenido de contaminantes en las especies más descartadas, un requisito fundamental para poder dar un uso a estos productos en la industria alimentaria. Se realizó un análisis espacio-temporal de metales pesados ​​(mercurio, plomo y cadmio), PCBs, dioxinas y pesticidas para determinadas especies seleccionadas en función de factores como la cantidad de descarte y las posibilidades de futura valorización. Y, excepto en el caso del cadmio, para el cual se han registrado algunos valores elevados, los niveles de contaminantes detectados fueron menores a los límites legales que marca la normativa europea.

Reformas políticas

Los descartes constituyen una práctica actual que permite al pescador deshacerse de las capturas que no le interesan y llenar su bodega solo de aquello que le resulta rentable. No hay ninguna normativa que obligue a los pescadores a descargar todo lo que se pesca y esto choca con el principal objetivo de la reforma de la Política Pesquera Común que actualmente se está debatiendo: la sostenibilidad. “Las pesquerías, con alto nivel de descartes, serán insostenibles al largo plazo”, sentencia Taboada. “Hay que tomar medidas encaminadas a la gestión eficiente de los stocks pesqueros y para ello es necesario tomar decisiones y tomarlas ya”, añade.

Una de las posibles solución que plantea la UE a este problema sería obligar a los pescadores a desembarcar todo lo pescado, de momento solo de las especies sometidas a reglamentación, lo cual podría contribuir a mejorarla eficiencia de la pesca, haciendo recaer la responsabilidad de la selectividad sobre los pescadores. “Entiendo que para los pescadores no sea rentable llenar su bodega de descartes, pero para proteger el ecosistema, sería lo más sensato”, comenta Taboada. “Una medida así agudizaría el ingenio y despertaría conciencias en el sector pesquero. Hace falta una regulación, con consenso en la medida de lo posible y teniendo en cuenta no solo aspectos ecológicos sino también económicos y sociales, pero hay que hacerlo ya o el recurso disminuirá hasta niveles poco rentables”.

“Ni un pez por la borda”

En Europa cada vez son más las voces que reclaman un cambio en la política pesquera. En enero de 2011, en Reino Unido, nació Fish fight, una campaña contra los descartes que lidera un conocido chef británico al que le acompañan otras caras conocidas del mundo del cine y la televisión. La campaña se ha extendido a más de 12 países de la Unión y ya ha recogido más de 850.000 firmas con el objetivo de prohibir los descartes en Europa.

La campaña llegó a España bajo el nombre de Ni un pez por la borda, tiene las mismas reivindicaciones que en el resto de países y también se caracteriza por la implicación de caras conocidas. En la campaña participan el meteorólogo Mario Picazo, el naturalista y presentador Luis Miguel Dominguez, el cocinero Sergi Arola, el cantante Miguel Bosé y muchos otros famosos. Además apoyan la causa organizaciones medioambientales como Greenpeace, Oceana o SEO/Birdlife, por citar algunas, centros de investigación como el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, e incluso organizaciones pesqueras y políticas.

El pasado 6 de febrero esta iniciativa obtuvo un importante logro. La Eurocámara dio luz verde al informe que sienta las bases de la futura política pesquera. Esta política se establece en torno a la sostenibilidad, basará sus cuotas en datos científicos y, lo más importante, prohibirá los descartes a partir de 2014.

La industria de los subproductos

Los subproductos de la pesca han dado lugar a una importante industria en los últimos años. La mejora de la tecnología de elaboración y una manipulación más controlada, segura e higiénica han ayudado al aumento de su utilización.

Además de harina de pescado, los subproductos de la pesca se destinan a otros muchos usos, entre ellos, la obtención de cosméticos y fármacos o la producción de pieles, fertilizantes, etc.
Nuevas tecnologías como la microencapsulación y la nanoencapsulación están facilitando la incorporación de nutrientes como los aceites de pescado en varios alimentos.
La quitina y el quitosano obtenidos a partir de los caparazones de cangrejo y camarón tienen una gran variedad de usos, como la depuración del agua, la fabricación de cosméticos y artículos de higiene, alimentos y bebidas, productos agroquímicos y farmacéuticos,…

De los desechos de los crustáceos, también pueden extraerse pigmentos carotenoides y astaxantinas para su uso en la industria farmacéutica. Puede extraerse colágeno de la piel de algunos descartes, y de la de los peces más grandes, se obtiene incluso cuero para prendas de vestir, zapatos, carteras, billeteras, cinturones y otros artículos.

En los últimos años se han desarrollado multitud de medicamentos contra el cáncer derivados de moléculas obtenidas de esponjas marinas, briozoos y cnidarios; algunos de éstos, comunes en los descartes pesqueros.

También el cartílago de tiburón se utiliza en muchos preparados farmacéuticos, al igual que otras partes del tiburón, como los ovarios, el cerebro, la piel y el estómago. También sus dientes se utilizan en la artesanía; y lo mismo con los caparazones de vieira y mejillón que además se usan para fabricar botones.

Toda una industria en expansión que se nutre de la ineficiencia de la pesca.

Este reportaje se publicó en marzo de 2013 en el número 3 de Magazine Océano

img-responsive center-block Pablo

Me llamo Pablo, soy oceanógrafo y periodista, y he creado Ciencia en Remojo para compartir mis trabajos –científicos y divulgativos- e informar sobre actualidad en ciencias del mar.

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