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Diario de un oceanógrafo:
Un crucero oceanográfico en el Adriático

lunes, 20 julio, 2015

15 días a bordo del buque croata BIOS DVA

Sede IZOR
El BIOS DVA atracado en la sede del Instituto de Oceanografía y Pesca de Croacia en Split

Antes de narrar esta experiencia considero necesario aclarar que una cosa es un campaña oceanográfica y otra lo que hemos hecho en Croacia. El trabajo científico en un barco es muy gratificante, pero también muy duro. Movilizar un buque oceanográfico es muy caro y hay que aprovechar al máximo el tiempo disponible y, por ello, durante una campaña real se suele trabajar a turnos y el barco nunca descansa. Lo de Croacia ha sido más bien un crucero oceanográfico. Un curso para graduados y postgraduados en ciencias del mar, realmente, organizado por el Instituto de Oceanografía y Pesca de Croacia (IZOR) a bordo de su buque oceanográfico BIOS DVA y que, para poder albergar el mayor número de estudiantes, contó solo con una tripulación, por lo que cada día había que llegar a algún puerto, lo que lo hacía bastante relajado. Por las mañanas dábamos clases y hacíamos muestreos a bordo y por la tarde-noche atracábamos y teníamos tiempo para visitar la maravillosa costa croata. Todo un lujo.

Durante 15 días, del 15 al 27 de junio, 12 estudiantes de toda Europa, seleccionados entre cerca de 200 candidaturas, pudimos conocer de primera mano las singularidades del Adriático acompañados de grandes expertos en multitud de disciplinas de las ciencias marinas. El porqué de la composición rocosa de la costa croata, de la transparencia de sus aguas, de cómo pese a ser una cuenca relativamente pequeña se forman aguas profundas o de cómo estas afectan a la circulación general y a los ecosistemas de este mar. Un curso que ha sido posible gracias a la financiación del proyecto europeo Eurofleets, cuyo objetivo es poner la flota oceanográfica europea al servicio de toda la comunidad científica de la Unión.

El Instituto de Oceanografía y Pesca (IZOR)

El lunes 15 de junio el buque oceanográfico BIOS DVA nos esperaba en el puerto de Split, capital de la región de Dalmacia, segunda ciudad más habitada de Croacia y patrimonio de la humanidad desde 1979. Los primeros días de curso serían en tierra, en las sede del Instituto de Oceanografía y Pesca de Croacia (IZOR). Dormíamos en el buque y, mientras desayunábamos a bordo, hacíamos el recorrido que separaba el puerto del IZOR, siguiendo la costa del maravilloso parque de Marjan. Un auténtico lujo ir a clase en barco a un lugar que a punto estuvo de convertirse en una de las localizaciones de Juego de Tronos.

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El buque BIOS DVA fondeado cerca de la isla de Vis

El IZOR se fundó en 1930 como la primera institución de investigación marina de Croacia y hoy por hoy es un referente en el estudio de la oceanografía, química, diversidad biológica, sedimentología, pesquerías y acuicultura del Adriático.

Dos días estuvimos dando clase en la biblioteca del IZOR antes de comenzar la campaña a bordo del BIOS DVA.

De Split a Palagruza

El día 18 partimos del puerto de Split para iniciar esta campaña-curso cubriendo, en dos etapas, parte de un transecto clave para el estudio de la circulación en el Adriático. Se trata de la línea que une Split con el monte Gargano, la espuela de la bota que forma la península italiana. Desde 1948 se viene repitiendo este recorrido varias veces al año, lo que ha permitido demostrar la influencia de la entrada de agua mediterránea en el Adriático y entender cómo funciona este proceso.

El primer día solo hicimos dos estaciones antes de llegar a la isla de Vis, donde visitamos uno de los Radar de Alta Frecuencia instalados en la zona y de los que hablaré más tarde.

En cada estación largábamos una roseta equipada con 12 botellas Niskin para tomar muestras de agua y un CTD para medir en continuo temperatura, salinidad y presión. Tomábamos también muestras de sedimento y entre estación y estación medíamos en el laboratorio la concentración de oxígeno en el agua y analizábamos la granulometría del sedimento.

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Apunto de lanzar la roseta en una de las estaciones de Vis a Palagruza

El día 19 partíamos de Vis para completar la parte croata del transecto. Tras cerca de cinco horas, en las que realizamos cuatro estaciones de muestreo, llegábamos a la isla desierta de Palagruza, a medio camino de Italia y Croacia. Fondeamos frente a la única playa que tiene la isla y, a bordo de una pequeña lancha, fuimos llegando a este remoto lugar donde, después de hacer un estudio granulométrico de la playa, pudimos disfrutar de un baño. Investigación y turismo de lo más exclusivo.

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El BIOS DVA desde la isla de Palagruza

Radar de Alta Frecuencia

En la isla de Vis visitamos uno de los dos radar de alta frecuencia instalados en la zona para monitorizar de manera continua las corrientes en superficie en un área que concentra gran parte del tráfico marítimo entre Croacia e Italia.

Con dos de estos radares de alta frecuencia pueden medirse las corrientes superficiales desde la costa hasta unos 50 km. En el Adriático central, gracias al proyecto HAZADR, se han instalado uno en la isla de Brac y otro en la isla de Vis, lo que permite cubrir una superficie de unos 2500 km2 desde principios de 2014. Los radares de alta frecuencia son del tipo WERA, fabricado por la empresa alemana Helzel. El objetivo de este proyecto es conocer la circulación del océano con gran resolución y poder gestionar eficazmente un posible vertido en la zona.

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Entre los radares instalados en las islas de Vis y Brac cubren una superficie de unos 2500 km2

Para llegar al radar hubo que andar bastante. Se encuentra en un remoto faro al norte de la isla de Vis. Las antenas, simples palos ubicados en la orilla del mar, no aparentan esconder la tecnología que tienen detrás. Apenas parecen ser más complejas que los tutores de las vides que hay por la zona y sin embargo constituyen la herramienta más avanzada para la monitorización de las corrientes en superficie.

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Camino del faro que alberga el radar de alta frecuencia

Unos metros más adelante, en la humilde casa del farero estaba el núcleo del radar. Entre antiguos aparejos de pesca y labranza, en una pequeña habitación habilitada a tal efecto, se encontraba el sofisticado instrumento que parecía llegado de otra época. Tras la correspondiente explicación sobre el funcionamiento del radar, el farero nos invitó a unos licores típicos croatas. De nuevo investigación y una visita única.

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Las antenas del radar junto al faro

 

La única isla volcánica del Adriático

El 21 de junio, tras un día fondeados en una pequeña bahía de la isla de Vis que nos protegía del fuerte oleaje, partimos hacia Jabuka, un islote muy especial. Se encuentra en medio del Adriático, a 70 km de Komiza. Cerca de ella, los compases de navegación se vuelven inútiles debido a su magnetismo. Y es que se trata de la única isla entre las cerca de 2000 que alberga este mar que es de origen volcánico.

Tras 5 horas de navegación comenzamos a observar la isla a lo lejos y ya entonces podía apreciarse que no se trataba de una isla más. Su altura es tremenda para su pequeño diámetro. Con casi 100 metros de altura y unos pronunciados acantilados, parece una pirámide surgiendo del océano. Sus costas hacen imposible el atraque, no tiene bahías que protejan de los vientos y sus aguas son demasiado profundas para el fondeo. Un lugar inhóspito y salvaje que sin embargo cautiva al que se acerca.

Ese día la isla nos dio una tregua. El mar parecía un espejo y el barco rodeo la isla lentamente mientras todos la contemplábamos en silencio, como atrapados por su misterio.

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Jabuka, la única isla volcánica del Adriático

Tras ello empezaría una clase única. En la cubierta del BIOS DVA, con la isla de fondo, la geóloga Kristina Pikelj nos explicó su teoría sobre la formación de Jabuka, que ha publicado este mismo año en la revista Marine Geology.

La isla se formó durante el triásico, cuando el Mediterráneo aun no era el mar semicerrado que hoy es. La elevada actividad tectónica en esa época dio lugar a multitud de formaciones volcánicas que después de 200 millones de años quedaron sepultadas por capas y capas de sedimento. Sin embargo una de esas rocas quedó atrapada en un diapiro salino que debido a su baja densidad fue aflorando poco a poco hasta alcanzar la superficie. Después la erosión hizo su trabajo hasta que la isla de Jabuka resurgió, llegada de un pasado lejano. Sin duda una de las mejores experiencias del curso.

“It depends on the weather”

Fue sin duda la frase del curso. El tiempo no era el previsto para esta época del año y el plan cambiaba a diario, sobre todo en los últimos días. El barco y la tripulación estaban preparados para trabajar en peores condiciones de las que lo hicimos pero la organización se empeñó en hacer que la experiencia fuese lo más placentera posible. Creo que a veces en exceso.

La idea de pasar dos días muestreando la cuenca sur del Adriático se desechó y en su lugar fuimos a Dubrovnik a hacer turismo. No era el objetivo del curso pero la verdad que se agradeció el viaje a esta maravillosa ciudad. Supongo que por justificar la visita, nos llevaron al Aquarium de Dubrovnik, gestionado por la universidad de la ciudad. Un laboratorio obsoleto y unas instalaciones abiertas al público con animales en pésimas condiciones. No había ni un solo coral vivo, la falta de oxígeno era evidente en las peceras y, en el medio del acuario, había una pequeña piscina en la que daba vueltas una solitaria tortuga. Lo peor de estas semanas en Croacia.

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Dubrovnik

Antes de volver a Split y dar por finalizado el curso tendríamos una jornada intensa en la que concentraríamos todo lo que quedó pendiente. Hicimos una pesca experimental de arrastre frente a la ciudad de Makarska, aprendimos a usar la ecosonda del buque para la evaluación de peces pelágicos, nos mostraron como realizan la monitorización de basuras marinas y visitamos una granja de engorde de atunes rojos.

Los últimos días en Split los dedicamos a preparar en grupos un trabajo sobre unos de los temas estudiados durante la campaña. La formación de aguas profundas en Adriático, en nuestro caso.

Quizá el curso pecó de multicisciplinar y algunas clases resultaron demasiado básicas. Pero en general la experiencia fue increíble. Me quedo con los compañeros que he conocido, la hospitalidad de la organización y la belleza de Croacia.

Pronto saldrán nuevas becas para participar en nuevos cursos de Eurofleets. A todos los doctorando en Ciencias del Mar les recomiendo que estén atentos.

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Atardecer en la isla de Vis

 

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img-responsive center-block Pablo

Me llamo Pablo, soy oceanógrafo y periodista, y he creado Ciencia en Remojo para compartir mis trabajos –científicos y divulgativos- e informar sobre actualidad en ciencias del mar.

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